Archive for the ‘Poesía’ Tag

Después de la lluvia

Las nubes de agua siguen ahí, sobre las oscuras montañas.

El aire casi limpio de la ciudad luego de la lluvia alivia los rostros.

La tormenta pasó y los sonidos urbanos vuelven rápidamente.

El espíritu duele como antes de la lluvia, el agua no borra la incertidumbre.

La tristeza continúa en el alma así como las nubes de agua sobre las montañas… aunque ya no llueva.

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El Señor de Barba

Conozco su rostro sólo a través de las pinceladas del artista que creó esa imagen. La imagen de un señor de barba y de mirada fuerte pero esquiva ¿Qué estará observando?

Conozco algo de su personalidad por sus relatos de ciencia y literatura que se van delineando en una voz calma.

Desconozco el resto ¿Qué será? ¿Quién tiene la medida de lo desconocido?

Me hacen sonreír

Ríen como si el viento les hiciera cosquillas.

Flotan en el aire que apenas se agita.

Parecen estar saludando a la tarde que se va.

Se ven tan alegres… como bailando con la dulce melodía de un violín.

Me hacen sonreír.

La brisa las mueve y ellas se dejan llevar relajadamente.

Se están divirtiendo, se refrescan, después de un día de calor.

La temperatura desciende.

Ya no producen sombra, ahora la sombra las cubre.

Es tiempo de descansar.

Las ramas abundantes de hojas apenas se ven en la noche.

Mirando hacia arriba

Esta tarde el cielo, ya despejado de cenizas volcánicas, alcanza el máximo nivel del infinito. Vacío de nubes, suena como un vals inspirado en una nostalgia de amor. Si pudiera alcanzarlo con las manos, al tocarlo sentiría la tibieza y  la calma del agua de un golfo del Atlántico Sur.

Aquel amanecer

Abrí los ojos cuando el sol ya molestaba. Rápidamente sentí el calor en el cuerpo. Entonces, dormité muchos minutos, que quizás fueron horas. Paulatinamente, iba escuchando las olas. Fui percibiendo el aroma del mar. Poco a poco, se oían las voces de los turistas, sus pasos tambaleantes en la arena. El reloj ya marcaba las nueve de la mañana. En ese momento, recordé que había dormido en la playa.

La mesa

Y si la mesa hablara… La mesa de la cocina, la del lugar más cálido de una casa, mejor, del hogar. Esas mesas antiguas, que alguna vez fueron nuevas. Mesas de madera, heredadas de generación en generación. Con sus marcas y manchones imposibles de borrar, con las huellas de quienes se reúnen en torno a ella. A comer en silencio, a conversar, a discutir, a hacer planes, donde los chicos hacen la tarea, dejando algún rayón de fibra, una mancha de témpera, un pegote de boligoma. Si la mesa hablara…  contaría las lágrimas que se derramaron con la cabeza gacha entre los brazos cruzados.