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Entretenimiento con compromiso social

Tal como lo afirma en uno de sus artículos la revista Señal Internacional, el producto estelar de la industria televisiva en Latinoamérica sigue siendo la telenovela. Y, como lo señaló, también, Michal Nasiv, de Dori Media Group, en la misma publicación “las telenovelas son reconocidas por generar lealtad en la audiencia”.

Nuestro país no escapa a esta realidad y se suma con la producción de novelas que mantienen las pautas básicas y también tocan temas sociales.

Esta semana comenzó por Telefé “Secretos de Amor”, protagonizada por Soledad Silveyra y Arturo Puig. Desde el primer capítulo percibí que, además de las clásicas tramas de estos programas, se dará visibilidad al gran negociado de los laboratorios, las obras sociales, los medicamentos “truchos” y la experimentación de drogas no autorizadas con seres humanos.

“Secretos de Amor” encierra un misterio dentro de una familia dueña de una prestigiosa Prepaga, con una cantidad de centros de salud asociados. El hijo mayor del matrimonio es un psiquiatra obsesionado con la fabricación de una droga, que años atrás le provocó la muerte a una de sus pacientes.

Nacho vuelve luego de cinco años dispuesto a arrebatarle la empresa a su padre, para tener a su alcance todo lo necesario para experimentar ilegalmente su fórmula con humanos, convencido de que podrá “acabar con el dolor físico”.

Anteriormente, en “Vidas Robadas”, se puso en escena el delito de la trata de personas y en “Montecristo”, los crímenes cometidos durante la última dictadura militar.

Entonces, que las telenovelas no pasen sólo por los enamorados que no pueden concretar su amor, las venganzas y los odios, y que se planteen problemas sociales, está bueno. Porque al captar la atención del público diariamente durante meses, dan visibilidad a estos conflictos, hacen oír las voces de quienes no tienen voz (o pantalla).

Eso, sumado a que cada vez más las grandes compañías de la industria televisiva compran programas enlatados o adquieren los formatos para adaptarlos a la audiencia de otros países, aporta a instalar las cuestiones de interés social.

Lógicamente, una telenovela no va a solucionar nada. No obstante, a través de un programa de entretenimiento, se logra interesar a la gente por temas a los que quizás no les presta atención cuando los ve en un noticiero. Es un despertar de la conciencia y el compromiso con lo que sucede a nuestro alrededor, es el primer paso. Eso sí está bueno.

Un “Chaveta” del Siglo XXI

Foto: Nicolás Bravo / Gentileza DAD

Foto: Nicolás Bravo / Gentileza DAD

Hace unos días, viendo el programa Talento Argentino, emitido por Telefé, me causó mucho placer ver sobre el escenario al humorista cordobés Adrián Gómez, interpretando a “Ricardo Mario Alberto”. Este personaje, creación propia del artista, encarna a un sujeto de las llamadas clases populares de Córdoba. El baile de cuarteto, los apodos, la clásica tonada de estas tierras y el ingenio para contar un chiste o elaborar un relato, siempre remitiendo a la vida cotidiana, conforman a “Ricardo Mario”. Este personaje no nos es desconocido a los cordobeses, ya que hace varios años “Ricardo” participa del programa local Por Deporte (canal 8), lo cual le valió el Martín Fierro del interior en el 2008 a la mejor labor humorística televisiva.

 
juradoAfortunadamente, el jurado, integrado por Catherine Foulop, Maximiliano Guerra y Kike Teruel, dio los tres SÍ para que Adrián pasara a la segunda etapa del concurso. Y digo afortunadamente porque el éxito de un show humorístico depende (casi exclusivamente) del público y en este caso también del jurado; ya que el humor está estrictamente ligado a la idiosincrasia del espectador para que pueda comprenderlo y lograr así la risa o la sonrisa. Ver a “Ricardo Mario” en Talento Argentino me hizo recordar a Negrazón y Chaveta, los clásicos personajes de la revista Hortensia, creada por Alberto “el gringo” Cognini.

 
Negrazon y ChavetaEsta revista surgió en Córdoba Capital en agosto de 1971 y se editó durante 18 años ininterrumpidos (hasta diciembre de 1989). Pero, el año 1973 marcó la consolidación de Hortensia, ya que se empezó a comercializar en todo el país y logró ser una de las revistas de humor más vendidas. Pero, al volverse tan masiva, Hortensia no pudo escapar a ciertas lógicas del mercado y el tono exageradamente cordobés de las historias de Negrazón y Chaveta se suavizó para ser consumido por un público cada vez más extenso. El mismo Alberto Cognini lo recordaba en una entrevista que le realizaran por el año 1979: “En sus comienzos, el lenguaje de Negrazón y Chaveta era más hermético, pues la revista en sí era más local; al ampliarse la distribución de Hortensia, traté de ‘suavizar’ a los personajes (…), tuve que quitarles el excesivo localismo. (…) El juego de los diálogos y situaciones, en un comienzo, estaba basado particularmente en detalles y anécdotas sólo conocidas en Córdoba”.

 
Este “Ricardo Mario Alberto” tan “nuestro”, logró hacer reír al auditorio de Córdoba que estuvo presente en “nuestro” Teatro Real. Habrá que ver si este personaje continúa  pasando de etapa en el certamen desarrollando este mismo “humor nuestro”, o si, como Negrazón y Chaveta, deberá adaptar su estilo para llegar a un público más amplio que ya no es sólo cordobés.