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Entrevista al humorista gráfico Crist

Su verdadero nombre es Cristóbal Reinoso, pero la mayoría lo conoce como “Crist”. Este santafesino nacido en 1946, que dice sentirse cordobés, llegó a los 17 años de edad a la convulsionada Córdoba de la década del 60’ para dedicarse a lo que sabía y quería hacer: Dibujar. De ahí en más desarrolló una carrera admirable que lo tuvo como ganador del concurso “Buscando al humorista del año”, organizado por la revista Gente en 1969; prestigio que lo llevó a publicar en este medio, pero al no poder adaptarse a Buenos Aires volvió a Córdoba, donde vive actualmente. Poco después, colaboró con Alberto Cognigni en la creación de la revista humorística de mayor éxito del interior del país: Hortensia. Hoy en día es uno de los humoristas gráficos más reconocidos de Argentina, ha ganado premios internacionales, ha escrito libros y hasta ha tenido la generosidad de compartir sus conocimientos en una breve pero fructífera experiencia como profesor. A comienzos de 2007 fue muy requerido por los medios de comunicación debido a que su colega y amigo, el ya fallecido Roberto Fontanarrosa, precisó de sus manos (y de las de Oscar Salas) para seguir recreando sus personajes, a raíz de una enfermedad que afectaba su movilidad.

Los primeros trazos
En tranquilidad del living de su casa, donde las paredes dan cuenta del trabajo y de la vida de este señor de un carácter amable y gracioso, Crist no dejó de hacernos sonreír mientras nos contaba su historia, regando cada tramo con una deliciosa anécdota.crist-firma1

“Mis principios fueron muy humildes, empecé haciendo cartelitos en Casa Tía cuando terminé el secundario. Salió un aviso solicitando ‘letrista con amplios conocimientos’, y aunque yo de hacer letras no tenía ni idea me tomaron porque el hombre que estaba a cargo era un fanático del dibujo y de la historieta; me tomó porque el tipo no tenía con quien hablar de lo que le gustaba, y a hacer las letras aprendí rápidamente. Ese fue mi primer trabajo”, empieza contando Crist.

Luego, comenzó como dibujante en Canal 13 de Santa Fe, el primero de esa ciudad y que tenía su propia agencia de publicidad: Omicron propaganda. Por aquel entonces (mediados de los 60’) en Córdoba ya había agencias que hacían comerciales para la televisión y en Sta. Fe necesitaban profesionales para la realización de las películas. Es por eso que “El gordo” Caucas y Carlos Jaimes, quienes hacía tres años que trabajaban para Canal 12 de Córdoba fueron convocados por la agencia santafesina.
Crist comenta que cuando estos profesionales llegaron a Omicron vieron sus “stories” y quisieron conocerlo. “Resulta que yo para formarme compraba libros (que todavía me sirven) que hablaban de dibujo animado para TV, decían lo que era un story board; un guión con pantallitas donde dice audio-video y cada pantalla es como un cuadro de historieta; entonces les dije a los de la agencia que había que imprimir estas stories, todo lo que decía el libro, cosa que hacían en España”, detalla al tiempo que agrega que “lo que más les llamaba la atención a Caucas y Jaimes era que no se trataba de ideas descabelladas sino de películas realizables”.

Durante el tiempo que Caucas y Jaimes estuvieron en Santa Fe Crist aprendió el ABC de lo que era el cine y la animación. “Hacíamos comerciales de 20 segundos para televisión; ahí aprendí cómo se hace una película de animación, qué se recorta, cómo se mueve el personaje, cómo la cámara está puesta sobre la mesa de animación, cómo tenés que correr el fondo para que parezca que el personaje avanza. Aprendí como se hacía el sonido y hasta hacía las voces de los personajes”, relata.

Cordobés por elección y sentimiento
Con el tiempo, el trabajo empezó a mermar y Caucas y Jaimes decidieron quedarse en la capital cordobesa. “Entre las cosas que se trajeron para Córdoba estaba yo”, se ríe Crist y comenta: “Me ofrecieron trabajo y aprender con ellos haciendo lo que me gustaba, se lo planteé a mis viejos y ellos me apoyaron, fue el destete”.

El humorista cuenta que al dejar su provincia natal todo fue una aventura desde el primer día, aventuras que fortalecieron su vocación: “No tenía un mango, me dejaron en el hotel Emperador, era fin de semana y no funcionaba el restaurant. Se les ocurrió (a Jaimes y Caucas) venirme a ver el sábado, yo estaba como un león enjaulado. Fuimos a comer y se aclararon las cosas, me instalaron en una pensión y me dieron unos mangos de adelanto para que me moviera. Y ese lunes empecé haciendo bocetos, y comencé a conocer lo que era Córdoba, el trabajo en las agencias”.

Por ese entonces Crist comenzaba a descubrir la ciudad. A propósito de ello surge otra anécdota: “Una vez bajé de la agencia que estaba ubicada en Gral Paz 120 y pasaron unas chicas de la Facultad de Arquitectura con carteles, no recuerdo por qué estaban protestando, y algunas eran como un sandwich, con carteles atrás y adelante. Entonces, yo le dije a una ‘qué lindo sandwich’ y se rió, luego aparece la policía y me llevaron preso sólo porque estaba allí, y Jaimes y Caucas me fueron a buscar y me dijeron ‘te vamos a tener que explicar lo que es Córdoba’ ”.

La casa de San Vicente
Luego, Crist vivió un tiempo en casa de Jaimes, pero deseaba independencia, por lo que anduvo de pensión en pensión que “en esa época eran terribles” hasta que le sucedió “algo mágico”. Haciendo un trabajo para la agencia Exacta conoce a un correntino que trabajaba como modelo, se hacen amigos y le propone ir a vivir a su casa. “Eran todos estudiantes de medicina, tenían una casa en San Vicente y fue lo mejor que me pasó en mi vida. Era bárbaro porque me empecé a relacionar socialmente”, explica.
Siguiendo con la descripción de aquella época Crist recuerda: “Eran como chicos grandes. En la terraza habían hecho un circuito, tenían los modelos de los autos y les ponían rueditas de goma, adelante eran dos tapitas de penicilina y atrás las patonas de los scalectrics, y le ponían macilla, y con eso jugaban en la terraza. Como a mi me apodaban “el Mandrú” yo había puesto en mi pieza un cartel que decía ‘Taller de chapa y pintura “el Mandrú”’, entonces me llevaban los autitos para que yo se los pintara”. De todas formas, también hacían “unas jodas bárbaras, con decirte que preparaban el clericó en el lavarropas”.
Aquellos eran años convulsionados, el humorista recuerda que los primeros “cagazos” se los llevó ahí: “El día del ‘cordobazo’ había una hoguerita en la esquina y bajaron y tiraron con ametralladoras para arriba y todos en la terraza, cagados”.

“El humorista del año”
En el año 1969, la revista Gente organiza el concurso “Buscando al humorista del año”, en esos momentos Crist ya publicaba en Rico Tipo algunos dibujos de humor. “Tenía un par de ideas e influenciado por lo que pasaba en Córdoba mis personajes empezaron a hablar, como lo hacen los estudiantes, con sus conflictos”, expresa en referencia al material que envió al concurso. Así, con tan sólo 23 años de edad gana el primer premio que consistía en un contrato por 6 meses con Gente y 100 mil pesos de la época, “nunca había tenido esa guita”, comenta.

Pero Crist, habiendo vivido cinco años en la docta, ya era cordobés. “Duré 15 días en Buenos Aires y me volví a la casa de San Vicente”, grafica. Con el prestigio de haber ganado un concurso tan importante, seguía colaborando en las agencias pero era free lance, lo contrataban para trabajos determinados y eso lo hacía sentirse libre. “En Buenos Aires podría haber trabajado más, pero no se trataba de eso, yo en Córdoba me sentía bien”.

El fenómeno de Hortensia
Un día del año 1971, frente al correo, Crist ve a un tipo grandote con un sobretodo gris caminando junto al “Flaco” Jiménez y le dice: “Crist, carajo, qué genio, qué artista, estoy haciendo una revista de humor cordobés, quiero que colaborés conmigo”. Se trataba de Alberto Cognigni que con una gruesa voz (que Crist imita al relatar el episodio) lo invitaba a formar parte de la legendaria Hortensia. “Nadie tenía idea lo que iba a ser la revista, el único que sabía de qué se trataba era Alberto, aparte él la quería hacer escrita en cordobés”, describe el humorista. Con emoción Crist rememora que Hortensia “fue un éxito increíble, la revista salió a las 11 de la mañana y a las 14 no había más en los kioscos (2 mil ejemplares en el centro de Córdoba), a los 15 días preparamos el segundo número y empezamos a saber quién era Alberto Cognigni y qué pensaba de una revista”.

Ilustración
Recordando el trabajo en Hortensia Crist narra que “Alberto manejaba la revista como una familia, por ejemplo, organizaba viajes, ‘Hortensia viaja a las cataratas’, y alquilaba un ómnibus y subíamos todos, ponía un cartel en el micro, porque a él le encantaba eso; era como una gallina que nos cobijaba a todos, era un trato muy doméstico”.

En el año 73’, con una carrera que se afirmaba cada vez más, Crist junto a Fontanarrosa son convocados por el diario Clarín: “Caloi organizó la página de humor y nos propuso al ‘Negro’ y a mí como del interior; y nos preguntaron si queríamos hacer historietas o viñetas, y me volqué hacia la segunda porque era lo mío, y hace 33 años que trabajo en Clarín; y aprendí que el dibujo tiene que tener relación con las noticias, y a trabajar para un diario se aprende ahí, laburando”.

Crist hace escuela
Recién empezado este milenio, una serie de situaciones coincidieron para que Crist transmitiera sus conocimientos y experiencia. En un departamento de iguales dimensiones que su hogar y que se encuentra debajo del mismo, Crist hizo escuela cada sábado “a partir de las 10 y hasta lo que durara”. Confiesa que él aprendió más que sus alumnos, ya que, además de reír muchísimo en cada clase, se dio cuenta de que “podía enseñar”.

Como no podía ser de otra manera, emerge otra fantástica anécdota: “Una vez vino a Córdoba Fontanarrosa y lo invité a la escuela. Organicé una choripaneada con los chicos. “El Negro” que era tan gracioso en sus observaciones me dijo: ‘Crist, usted ha superado a la educación media argentina, porque en alguna parte del país están luchando para darles un vaso de leche a los alumnos y usted les da choripán, está en una situación superior’ ”.

De su época de profesor Crist señala la satisfacción que siente al saber que varios de aquellos alumnos hoy están publicando, entre ellos se destaca Lucho Luna, un muchacho que además trabajaba para ayudar a su familia; Catalán, gerente de una panificadora, “el mejor guionista de chistes del grupo”; y Rogelio Arias, que está trabajando en Brasil, “un genio”.

El humor según Crist
Para finalizar, y cayendo en la recurrente tentación de buscar definiciones, no podíamos dejar de pedirle a Crist una declaración sobre qué es el humor y cuáles son sus funciones más allá de provocar la risa o la sonrisa. “El humor es una actitud ante la vida, a pesar de que nuestro humor (por el humor gráfico) es crítico, es hiper crítico”, señala primeramente, y completa: “En el fondo sos un poco periodista, el humor tiene que ver con la risa pero también con la reflexión”.

Hortensia, sinónimo de “humor cordobés”

afichehortensia3En el año 1971 y de la mano de Alberto Cognigni nace en Córdoba una revista que condensaría el más típico humor cordobés y funcionaría como institucionalización del mismo. Se trata nada menos que de Hortensia, una publicación que logra lo que ninguna otra antes: que el humor de Córdoba trascienda las fronteras de la provincia y que a través de sus personajes centrales, Negrazón y Chaveta, el modo de vida de un sector popular (los “negros cordobeses”) entre en escena en un producto cultural de consumo masivo.
Asimismo, Hortensia (o La papa de Hortensia), que adoptó ese nombre a raíz de una conocida demente de barrio Santa Ana que vendía bulbos de hortensia y que se levantaba la pollera mientras escupía palabrotas, fue el nicho incubador de renombrados talentos como los fallecidos “Negro” Ortiz y Roberto Fontanarrosa, Ian, Peiró, Caloi, Brócoli, Crist, Roberto Di Palma, entre otros. El Pulpita Iriarte, la Chancha Sarcástica, Boogie el Aceitoso, Inodoro Pereyra, García y la máquina de hacer pájaros, Súper Gauna, son algunos de los personajes que habitaban las páginas de esta publicación e hicieron reír a un país.
Hortensia surgió como un pequeño proyecto “entre amigos”, que contó con la incondicional colaboración de Sarita Catán, esposa de Alberto Cognigni. De esta forma, el staff de colaboradores estaba integrado (salvo por Cognigni que venía del desaparecido diario Córdoba y el rosarino Crist, vedette del último concurso de revista Gente) por periodistas amigos, dibujantes publicitarios y notables empleados de Ika Renault.

En total podemos contar: 245 números, dieciocho años y tres meses ininterrumpidos (desde agosto del 71 a la segunda quincena de diciembre de 1989), con el proceso militar más terrible en medio, dos mil ejemplares vendidos con el primer número, con un tiraje promedio de 75 mil ejemplares (lo cual la ubicaba en los primeros puestos del tiraje nacional), y dos libros de oro.
Desde sus comienzos, Hortensia se constituyó como una publicación quincenal. En sus páginas podía observarse gran cantidad de publicidades presentadas de manera cómica, es decir, adaptadas al estilo de la revista. Durante la primera etapa, todo el proceso de elaboración, desde la diagramación hasta la impresión, se realizaba en el mismo lugar: el edifico ubicado en Remonda 530 de la ciudad de Córdoba. Al comenzar el año 1984, las desinteligencias entre el dueño de la imprenta, J. C. Graziani y el administrador de Hortensia, Nello Bollea, hacen que la redacción se traslade a Colón 50.

El humor cordobés desembarca en Bs Ascarta-al-q-lee
El año 1973 marca la consolidación de Hortensia, es decir, se proyecta como publicación nacional ubicándose en los primeros puestos del ranking de revistas de humor más vendidas. Al respecto, Carlos Gazzera señala que “con su rápida evolución, Hortensia fue convirtiéndose de una formación en una institución de la cultura de Córdoba. En la editorial de enero de 1973, en ‘Carta al que lee’, Cognigni le agradece a Landricina que haya hablado bien, en el festival de Jesús María, de Hortensia. En otras palabras, Cognigni se hace cargo de la institucionalización de la revista y agradece a todos aquellos humoristas que usan los chistes de Hortensia, a lo ancho y a largo del país” . Además, durante ese período la editorial Siglo XXI publica tres Libros de Oro de la revista, con material seleccionado de los números ya emitidos.

Al respecto, Roberto Fontanarrosa, quien con su legendario Inodoro Pereyra nos hizo sonreír desde la primera etapa de Hortensia, comentó en una entrevista que la revista “creó otro polo de atención, por vez primera hizo un humorismo alejado de la sofisticación europea o estadounidense que tanta influencia tuvo en Buenos Aires. Introdujo el idioma cordobés en el país. No demostró vergüenza ante las limitaciones, se rió de la solemnidad. No quiso vender la imagen de triunfador tan común en el porteño, en una palabra: no avergonzarse de ser pobre, sino reírse de ello” .

Hortensia, como bien de consumo masivo, no pudo escapar ciertas lógicas de mercado, tanto es así que el tono exageradamente cordobés de las historias de Negrazón y Chaveta se suaviza para ser consumido por un público cada vez más amplio, un lector que ya no es sólo cordobés. A propósito, Alberto Cognigni recuerda: “en sus comienzos, el lenguaje de Negrazón y Chaveta era más hermético, pues la revista en sí era más local; al ampliarse la distribución de Hortensia, traté de ‘suavizar’ a los personajes (…), tuve que quitarles el excesivo localismo. (…) El juego de los diálogos y situaciones, en un comienzo, estaba basado particularmente en detalles y anécdotas sólo conocidas en Córdoba” .

Negrazón y Chaveta, protagonistas indiscutidos
n-y-ch Negrazón y Chaveta se estableció, desde el primer número de Hortensia, como una sección fija de la revista. Se trataba, como lo afirmara su creador, de los diálogos de dos personajes que intentaban representar a dos cordobeses de clase baja: “Negrazón y Chaveta estaban presentes cuando yo me limité a recrearlos, a darles un lenguaje a esos trescientos mil como ellos que deben existir en Córdoba. Ellos forman parte del humor contestatario de la ciudad, que responde de un modo muy inteligente en sí, con una tradición oral-auditiva, a la condición de ‘docta’ y solemne de la ciudad de los doctores universitarios” . Asimismo, continuando con la reflexión sobre ambos personajes, Cognigni expresaba: “Creo que son los personajes claves que diseñan la revista, son los que están desde el primer número. Lentamente, se fueron constituyendo en los personajes centrales, en los más representativos de la revista Hortensia y del humor cordobés” .

Como se deduce de la lectura de las historias, Negrazón y Chaveta personifican a dos amigos del barrio que se encuentran y conversan sobre el acontecer diario. Sus temas de conversación remiten en su mayoría a la vida cotidiana, sus vivencias y experiencias. Estos diálogos se desarrollan en escenarios característicos de la ciudad tales como el Parque Sarmiento, la peatonal, La Cañada, la Plaza de Alta Córdoba. A su vez, en el curso de los diálogos encontramos numerosas referencias a elementos típicos y folclóricos de Córdoba: los festivales de folclore de Cosquín y Jesús María, los corsos de San Vicente, el Club de fútbol Bella Vista, el cuarteto Leo, el Hospital de Clínicas, el tranvía, las estaciones de radio LV2, LV3; personalidades locales, tales como Pancho Olguín, Marconi, Miguelito Helfor; y marcas de productos reconocidos de la época como Corcemar y la moto Puma. Además de las alusiones a las golosinas y alimentos clásicos que se vendían en los puestos ambulantes de las calles cordobesas: praliné, choripán, manzanas bañadas en azúcar; y la mención de diarios de Córdoba: La Voz del Interior, Los Principios, Comercio y Justicia.

Cordobés básico, materia prima para el humor

Con lo primero que se topa el lector al abrir la revista y particularmente al leer Negrazón y Chaveta, es con lo que conocemos como “cordobés básico”. Este idioma que nació y crece en “la docta” y tiene características tales como: la contracción de frases y palabras, “te gua” (te voy a), “si vuá” (si voy a); la eliminación de la “ll” cuando está entre vocales, que hace que zapatilla se pronuncie como “zapatía” y talleres como “taiere”; la pérdida de la “d” hace que en el habla cordobesa popular un pelado sea un “pelao”, alguien ebrio un “chupao” (chupado) y un muerto un “finao” (finado), también es frecuente escuchar: “para’a”, “senta’a”, “guarda’a”. El ingenio a la hora de aplicar apodos es también una marca indiscutida de los cordobeses, así es muy común escuchar: “Cara e’ Mate”, “Mentira fresca”, “Momia con Gripe”.

Ahora bien, el lector debe poseer determinadas competencias si quiere entender cabalmente el lenguaje de estos personajes. Es por ello que el lector que se construye desde este discurso de humor es cordobés y de clase media. Cordobés, porque debe ser capaz de comprender el “cordobés básico”; y debe poder reconocer y completar el significado de todos los elementos típicos y folclóricos de la ciudad de Córdoba que afloran en los diálogos y escenarios, como partes del contexto del relato y que le otorgan significación. Y de clase media porque para poder reír con las anécdotas de estos dos cordobeses de clase baja es necesario que el lector se perciba como ajeno, exterior y un tanto superior a esa clase. Como lo afirmara su director y creador, Alberto Cognigni, “la clase social que lee a Negrazón y Chaveta va desde la clase media para arriba, los ubicados por debajo no son lectores sino protagonistas. Incluso, en ciertos niveles puede llegar a ser agónica su lectura” .

La Córdoba de Hortensia
Así, en una Córdoba tradicionalmente elitista aparecen Negrazón y Chaveta hablando este “cordobés básico”, y los “negros cordobeses” comienzan a estar presentes en las lecturas de un sector de clase media y culta que leía la revista. Para comprender este fenómeno es preciso describir aquella Córdoba de los 70 donde surge Hortensia. Debemos remitirnos, primeramente, a los procesos de industrialización que empiezan a desarrollarse desde la segunda mitad de los años cuarenta en Argentina y que traen como consecuencia la transformación del escenario social. Los nuevos asentamientos industriales resultan clave para comprender el nivel de reforma en que se encontraba inmersa la ciudad de Córdoba, estos nuevos complejos (Fiat Concord Argentina, IKA Renault) producen una reestructuración de la distribución poblacional y la creación de numerosos barrios alrededor de ellos.

Los cambios que produjeron en el tejido social las políticas de promoción industrial, sobre todo las del post peronismo, fueron configurando en Córdoba una sociedad cada vez más heterogénea, donde nuevos actores vienen a cuestionar, a través de un manifiesto protagonismo e irrupción en la escena social, aquella sociedad cordobesa marcadamente tradicional, elitista y clasista. Esos nuevos actores son los obreros industrializados, que encuentran en el sindicato su espacio de representación y dinamismo político; el claustro estudiantil, con su tradición contestataria demostrada fielmente desde la Reforma Universitaria de 1918; y los pobres urbanos, el “lumpen”, los que se quedaron excluidos de los beneficios económicos de la industrialización. A esa clase social es a la que Cognigni intenta representar en las historias cómicas de Negrazón y Chaveta. El propio Alberto Cognigni así lo expresaba: “Ambos personajes no son fracasados, sino productos de la circunstancia, de los procesos socio-económicos, etc., que ha vivido la ciudad o el país si se quiere” .

Los nuevos actores sociales que hacen su aparición tras la industrialización vienen a socavar esas fronteras tan delimitadas en Córdoba entre lo culto y lo popular, es así que, intelectuales comprometidos con una nueva realidad social, comienzan a tomar protagonismo en la arena de la cultura tematizando sobre nuevas cuestiones. En este caso, Alberto Cognigni, a través del humor, pone en escena al “negro cordobés”. Teniendo en cuenta esto, puede decirse que Hortensia y Negrazón y Chaveta como su sección más representativa constituyeron un discurso contestatario u opuesto a la tradicional imagen de Córdoba la “docta”.

Hortensia es presente
Hortensia, lejos de formar parte del pasado, hoy en día cobra sentido ya que el humor de Córdoba, construido a través de la figura del “negro cordobés” instalada desde Negrazón y Chaveta, tiene proyección nacional. Esta puede verse en humoristas como el “Negro” Álvarez, Cacho Buenaventura y Chichilo Viale que continúan recreando negrazones y chavetas. En lo que hace al humor gráfico, en la actualidad siguen destacándose las creaciones de Peiró, Ian, Crist, Pepe Angonoa, Jericles, Oscar Salas, Furnier, entre otros.

Cabe recordar, a modo de ejemplo, que recientemente, en la temporada 2005 de Villa Carlos Paz se reestrenó luego de 10 años la obra teatral Brotó la Papa de Hortensia, que se pusiera en escena por primera vez en la década del 80 protagonizada por Chichilo Viale. En ella se recrean los personajes más típicos de la revista: Negrazón, Chaveta, Pirula y los clásicos lugares como el bar y el kiosco de diarios.
Hortensia sentó las bases de un humor que se caracteriza, como decía uno de los tantos cuentistas de esta tierra, por ser “de la cintura para arriba”, porque es un humor que no recurre a la guarangada, se destaca por la simpatía de su tonada, por tener siempre un chiste a mano y por esa habilidad extraordinaria para inventar los más ingeniosos apodos. Y tanto es así que a partir de Hortensia, además de como ciudad “docta”, de las iglesias y de las universidades, Córdoba es conocida por la singularidad del humor de su gente.

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Antes y después de Cognigni
Miguel Bravo Tedín, colaborador de la revista, en su libro Hortensia y Córdoba divide en dos las etapas por las que transitó la publicación: la fase inicial, desde su primera edición en agosto de 1971 hasta junio de 1983, año en el que muere su creador; la segunda etapa comienza un mes después, julio del 83, y culmina con el cierre de la revista en diciembre de 1989. Según describe Bravo Tedín, en esta segunda etapa la revista cambia sustancialmente la línea editorial. “Las editoriales se habían transformado. De humor, poco; podrían haber figurado como editoriales de publicaciones comunes y corrientes, nada que ver con una revista de humor. No se tomó distancia de lo acontecimiental y cotidiano para proyectarlo con visión humorística, tal cual hacía Cognigni” , comenta Bravo Tedín. Al morir Alberto Cognigni, sus hijos virtuales, Negrazón y Chaveta, continuaron en la revista, aunque, poco a poco, su presencia fue disminuyendo.

Algo más sobre el papá de Negrazón y Chaveta
alberto_cognini_fotoAlberto Pío Augusto Cognigni nació en la ciudad de Bell Ville, al sudeste de la provincia de Córdoba, el 11 de noviembre de 1930 y murió el 16 de junio de 1983. Estudió en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Córdoba y trabajó en cuatro diarios de la capital cordobesa, entre ellos La Voz del Interior. Colaboró en revistas extranjeras como El Pingüino y Barrabases de Chile, desde 1956 a 1960; y por el año 1979 en la revista internacional Visión. En España se publicó un trabajo de Cognigni junto a calificados humorísticos argentinos como Crist, Geno Díaz, Lino Palacio, Bróccoli y otros, titulado “Y aún reímos…”. En 1969 obtuvo el premio S.I.P “Mergentheler” y en 1972 el premio ADEPA; año en el que también se acredita el cuarto premio entre 600 artistas de todo el mundo, en el Salón “Terres des Hommes” de Montreal, Canadá. En Argentina, publicó el libro “Cognigni, desde Córdoba… y buhé” y “El libro de Negrazón y Chaveta”. Cabe destacar que mientras realizaba Hortensia, Cognigni era el autor de las viñetas “Así es” y “Campo afuera” en La Voz del Interior.

* Las ideas centrales de este artículo han sido extraídas de la tesis de grado titulada “La cultura popular en el humor de Córdoba, Negrazón y Chaveta en la revista Hortensia”, realizada por Daniela Frontera y Débora Loza, 2004. Para acceder al documento dirigirse a la biblioteca de la Escuela de Ciencias de la Información, UNC.