Entrevista al humorista gráfico Crist

Su verdadero nombre es Cristóbal Reinoso, pero la mayoría lo conoce como “Crist”. Este santafesino nacido en 1946, que dice sentirse cordobés, llegó a los 17 años de edad a la convulsionada Córdoba de la década del 60’ para dedicarse a lo que sabía y quería hacer: Dibujar. De ahí en más desarrolló una carrera admirable que lo tuvo como ganador del concurso “Buscando al humorista del año”, organizado por la revista Gente en 1969; prestigio que lo llevó a publicar en este medio, pero al no poder adaptarse a Buenos Aires volvió a Córdoba, donde vive actualmente. Poco después, colaboró con Alberto Cognigni en la creación de la revista humorística de mayor éxito del interior del país: Hortensia. Hoy en día es uno de los humoristas gráficos más reconocidos de Argentina, ha ganado premios internacionales, ha escrito libros y hasta ha tenido la generosidad de compartir sus conocimientos en una breve pero fructífera experiencia como profesor. A comienzos de 2007 fue muy requerido por los medios de comunicación debido a que su colega y amigo, el ya fallecido Roberto Fontanarrosa, precisó de sus manos (y de las de Oscar Salas) para seguir recreando sus personajes, a raíz de una enfermedad que afectaba su movilidad.

Los primeros trazos
En tranquilidad del living de su casa, donde las paredes dan cuenta del trabajo y de la vida de este señor de un carácter amable y gracioso, Crist no dejó de hacernos sonreír mientras nos contaba su historia, regando cada tramo con una deliciosa anécdota.crist-firma1

“Mis principios fueron muy humildes, empecé haciendo cartelitos en Casa Tía cuando terminé el secundario. Salió un aviso solicitando ‘letrista con amplios conocimientos’, y aunque yo de hacer letras no tenía ni idea me tomaron porque el hombre que estaba a cargo era un fanático del dibujo y de la historieta; me tomó porque el tipo no tenía con quien hablar de lo que le gustaba, y a hacer las letras aprendí rápidamente. Ese fue mi primer trabajo”, empieza contando Crist.

Luego, comenzó como dibujante en Canal 13 de Santa Fe, el primero de esa ciudad y que tenía su propia agencia de publicidad: Omicron propaganda. Por aquel entonces (mediados de los 60’) en Córdoba ya había agencias que hacían comerciales para la televisión y en Sta. Fe necesitaban profesionales para la realización de las películas. Es por eso que “El gordo” Caucas y Carlos Jaimes, quienes hacía tres años que trabajaban para Canal 12 de Córdoba fueron convocados por la agencia santafesina.
Crist comenta que cuando estos profesionales llegaron a Omicron vieron sus “stories” y quisieron conocerlo. “Resulta que yo para formarme compraba libros (que todavía me sirven) que hablaban de dibujo animado para TV, decían lo que era un story board; un guión con pantallitas donde dice audio-video y cada pantalla es como un cuadro de historieta; entonces les dije a los de la agencia que había que imprimir estas stories, todo lo que decía el libro, cosa que hacían en España”, detalla al tiempo que agrega que “lo que más les llamaba la atención a Caucas y Jaimes era que no se trataba de ideas descabelladas sino de películas realizables”.

Durante el tiempo que Caucas y Jaimes estuvieron en Santa Fe Crist aprendió el ABC de lo que era el cine y la animación. “Hacíamos comerciales de 20 segundos para televisión; ahí aprendí cómo se hace una película de animación, qué se recorta, cómo se mueve el personaje, cómo la cámara está puesta sobre la mesa de animación, cómo tenés que correr el fondo para que parezca que el personaje avanza. Aprendí como se hacía el sonido y hasta hacía las voces de los personajes”, relata.

Cordobés por elección y sentimiento
Con el tiempo, el trabajo empezó a mermar y Caucas y Jaimes decidieron quedarse en la capital cordobesa. “Entre las cosas que se trajeron para Córdoba estaba yo”, se ríe Crist y comenta: “Me ofrecieron trabajo y aprender con ellos haciendo lo que me gustaba, se lo planteé a mis viejos y ellos me apoyaron, fue el destete”.

El humorista cuenta que al dejar su provincia natal todo fue una aventura desde el primer día, aventuras que fortalecieron su vocación: “No tenía un mango, me dejaron en el hotel Emperador, era fin de semana y no funcionaba el restaurant. Se les ocurrió (a Jaimes y Caucas) venirme a ver el sábado, yo estaba como un león enjaulado. Fuimos a comer y se aclararon las cosas, me instalaron en una pensión y me dieron unos mangos de adelanto para que me moviera. Y ese lunes empecé haciendo bocetos, y comencé a conocer lo que era Córdoba, el trabajo en las agencias”.

Por ese entonces Crist comenzaba a descubrir la ciudad. A propósito de ello surge otra anécdota: “Una vez bajé de la agencia que estaba ubicada en Gral Paz 120 y pasaron unas chicas de la Facultad de Arquitectura con carteles, no recuerdo por qué estaban protestando, y algunas eran como un sandwich, con carteles atrás y adelante. Entonces, yo le dije a una ‘qué lindo sandwich’ y se rió, luego aparece la policía y me llevaron preso sólo porque estaba allí, y Jaimes y Caucas me fueron a buscar y me dijeron ‘te vamos a tener que explicar lo que es Córdoba’ ”.

La casa de San Vicente
Luego, Crist vivió un tiempo en casa de Jaimes, pero deseaba independencia, por lo que anduvo de pensión en pensión que “en esa época eran terribles” hasta que le sucedió “algo mágico”. Haciendo un trabajo para la agencia Exacta conoce a un correntino que trabajaba como modelo, se hacen amigos y le propone ir a vivir a su casa. “Eran todos estudiantes de medicina, tenían una casa en San Vicente y fue lo mejor que me pasó en mi vida. Era bárbaro porque me empecé a relacionar socialmente”, explica.
Siguiendo con la descripción de aquella época Crist recuerda: “Eran como chicos grandes. En la terraza habían hecho un circuito, tenían los modelos de los autos y les ponían rueditas de goma, adelante eran dos tapitas de penicilina y atrás las patonas de los scalectrics, y le ponían macilla, y con eso jugaban en la terraza. Como a mi me apodaban “el Mandrú” yo había puesto en mi pieza un cartel que decía ‘Taller de chapa y pintura “el Mandrú”’, entonces me llevaban los autitos para que yo se los pintara”. De todas formas, también hacían “unas jodas bárbaras, con decirte que preparaban el clericó en el lavarropas”.
Aquellos eran años convulsionados, el humorista recuerda que los primeros “cagazos” se los llevó ahí: “El día del ‘cordobazo’ había una hoguerita en la esquina y bajaron y tiraron con ametralladoras para arriba y todos en la terraza, cagados”.

“El humorista del año”
En el año 1969, la revista Gente organiza el concurso “Buscando al humorista del año”, en esos momentos Crist ya publicaba en Rico Tipo algunos dibujos de humor. “Tenía un par de ideas e influenciado por lo que pasaba en Córdoba mis personajes empezaron a hablar, como lo hacen los estudiantes, con sus conflictos”, expresa en referencia al material que envió al concurso. Así, con tan sólo 23 años de edad gana el primer premio que consistía en un contrato por 6 meses con Gente y 100 mil pesos de la época, “nunca había tenido esa guita”, comenta.

Pero Crist, habiendo vivido cinco años en la docta, ya era cordobés. “Duré 15 días en Buenos Aires y me volví a la casa de San Vicente”, grafica. Con el prestigio de haber ganado un concurso tan importante, seguía colaborando en las agencias pero era free lance, lo contrataban para trabajos determinados y eso lo hacía sentirse libre. “En Buenos Aires podría haber trabajado más, pero no se trataba de eso, yo en Córdoba me sentía bien”.

El fenómeno de Hortensia
Un día del año 1971, frente al correo, Crist ve a un tipo grandote con un sobretodo gris caminando junto al “Flaco” Jiménez y le dice: “Crist, carajo, qué genio, qué artista, estoy haciendo una revista de humor cordobés, quiero que colaborés conmigo”. Se trataba de Alberto Cognigni que con una gruesa voz (que Crist imita al relatar el episodio) lo invitaba a formar parte de la legendaria Hortensia. “Nadie tenía idea lo que iba a ser la revista, el único que sabía de qué se trataba era Alberto, aparte él la quería hacer escrita en cordobés”, describe el humorista. Con emoción Crist rememora que Hortensia “fue un éxito increíble, la revista salió a las 11 de la mañana y a las 14 no había más en los kioscos (2 mil ejemplares en el centro de Córdoba), a los 15 días preparamos el segundo número y empezamos a saber quién era Alberto Cognigni y qué pensaba de una revista”.

Ilustración
Recordando el trabajo en Hortensia Crist narra que “Alberto manejaba la revista como una familia, por ejemplo, organizaba viajes, ‘Hortensia viaja a las cataratas’, y alquilaba un ómnibus y subíamos todos, ponía un cartel en el micro, porque a él le encantaba eso; era como una gallina que nos cobijaba a todos, era un trato muy doméstico”.

En el año 73’, con una carrera que se afirmaba cada vez más, Crist junto a Fontanarrosa son convocados por el diario Clarín: “Caloi organizó la página de humor y nos propuso al ‘Negro’ y a mí como del interior; y nos preguntaron si queríamos hacer historietas o viñetas, y me volqué hacia la segunda porque era lo mío, y hace 33 años que trabajo en Clarín; y aprendí que el dibujo tiene que tener relación con las noticias, y a trabajar para un diario se aprende ahí, laburando”.

Crist hace escuela
Recién empezado este milenio, una serie de situaciones coincidieron para que Crist transmitiera sus conocimientos y experiencia. En un departamento de iguales dimensiones que su hogar y que se encuentra debajo del mismo, Crist hizo escuela cada sábado “a partir de las 10 y hasta lo que durara”. Confiesa que él aprendió más que sus alumnos, ya que, además de reír muchísimo en cada clase, se dio cuenta de que “podía enseñar”.

Como no podía ser de otra manera, emerge otra fantástica anécdota: “Una vez vino a Córdoba Fontanarrosa y lo invité a la escuela. Organicé una choripaneada con los chicos. “El Negro” que era tan gracioso en sus observaciones me dijo: ‘Crist, usted ha superado a la educación media argentina, porque en alguna parte del país están luchando para darles un vaso de leche a los alumnos y usted les da choripán, está en una situación superior’ ”.

De su época de profesor Crist señala la satisfacción que siente al saber que varios de aquellos alumnos hoy están publicando, entre ellos se destaca Lucho Luna, un muchacho que además trabajaba para ayudar a su familia; Catalán, gerente de una panificadora, “el mejor guionista de chistes del grupo”; y Rogelio Arias, que está trabajando en Brasil, “un genio”.

El humor según Crist
Para finalizar, y cayendo en la recurrente tentación de buscar definiciones, no podíamos dejar de pedirle a Crist una declaración sobre qué es el humor y cuáles son sus funciones más allá de provocar la risa o la sonrisa. “El humor es una actitud ante la vida, a pesar de que nuestro humor (por el humor gráfico) es crítico, es hiper crítico”, señala primeramente, y completa: “En el fondo sos un poco periodista, el humor tiene que ver con la risa pero también con la reflexión”.

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